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SáBado 5
Julio 2008

 
literatura_alvarmasllorens.jpg (9 Kb)
 
21/04/2005

No es el primer librero de profesión que escribe un libro y no será el último, pero Alvar Masllorens (Barcelona, 1962) sí que se puede considerar un hombre-libro que con 'El so inaudible de les estrelles', Premi Roc Boronat 2001, construye entre las páginas su habitáculo favorito. Intimista y profunda, exploradora de los abismos de la incomunicación y de la pintura de Paul Klee, la primera novela de Masllorens apunta a esa literaturacentroeuropea que deja vaho en los cristales y empańa la memoria de una prodigiosa melancolía. Un debut de una madurez contrastada en el panorama literario catalán que desde la Fnac se ha confirmado como un Nuevo Talento.

'El so inaudible de les estrelles' es una novela repleta de verdades esclarecedoras, en la que el lector se sorprende al encontrar pensamientos que, seguramente, creía únicos y propios, y donde los personajes son hirientes de puro real ¿Acaso no puede el ser humano moderno comprender todo lo que le rodea, evitar ser sobrepasado por las rutinas de la vida?
El hombre de hoy vive en una sociedad mucho más compleja que la de sus abuelos y, sin duda, con un conocimiento más especializado. A pesar de que hipotéticamente el acceso a la cultura se haya democratizado en el mundo occidental, a menudo somos analfabetos en campos muy diversos del conocimiento y, lo que es más importante, las grandes cuestiones sobre nosotros mismos (podríamos llamarlas ontológicas), a grandes rasgos, son las mismas de siempre, quizás compartiendo a su vez esta complejidad de la que hablábamos. Las vivencias propias que de ellas tenemos son "universalmente personales", porque nos atańen a todos pero cada uno debe buscar sus propias respuestas. Dichas cuestiones parten de la reflexión o del dolor, pero la búsqueda de respuestas es lo que nos permite avanzar, hacernos como personas únicas, desarrollarnos intelectualmente, que al fin y al cabo es lo que nos va a definir y a delimitar como lo que somos.

En su novela hay ecos de la mejor narrativa europea, características muy marcadas: una manera de sentir y de narrar muy alejada de la influencia en la literatura de la última narrativa en inglés, tanto británica como estadounidense. ¿Hay que reivindicar una tradición europea, otro tempo para ver la vida distinto al que la globalización nos quiere vender?
Personalmente creo que cada autor debe encontrar su voz propia, antes de dar nada por acabado, y pienso que ahí radica la honestidad de un autor: en no traicionarse a sí mismo. Cada individuo tiene su ritmo mental personal, y para mí este es un ingrediente más de esa voz, de esa manera de ser y de ver el mundo. Pero además cada uno de nosotros parte de una tradición que debe conocer y que es imposible obviar, ya que forma parte de su esencia. Dicho esto, pienso que a menudo en Europa hay quien miméticamente copia unos moldes creativos provenientes sobre todo de Estados Unidos, cuya sociedad es cada vez más el patrón de la nuestra, pero con todo las diferencias culturales subsisten y la percepción del tiempo forma parte de ella. Quizás en cine se perciba con mayor claridad la distancia que nos separa, no sólo en los temas planteados, sino también en la forma de desarrollarlos; son distintas sensibilidades para un mismo lenguaje. En literatura posiblemente las diferencias se perciban de otro modo, pero existen (todavía); la reivindicación de nuestra tradición continental debería derivarse tanto del planteamiento de los autores como de la conexión con el público: mientras todo ello persista en nuestra sociedad (y ahí el papel de la educación, como en casi todo, es fundamental) dicha reivindicación vendrá dada por sí sola. El tema de la honestidad, que decíamos antes...

Paul Klee es un personaje más de tu libro. ¿El arte es el mejor ingrediente para el arte?
Aunque es un tema recurrente, para mí el arte y la vida son indisociables. El arte refleja la vida y es una reflexión sobre ella, uno de sus espejos. El arte nos habla del hombre, del mundo y de las relaciones que se establecen entre ambos. Y a su vez es un diálogo con las obras precedentes. Por tanto, se retroalimenta a sí mismo, aunque cambien los creadores. Aún abarcando siempre los mismos temas, lo que nos interesa es la manera de enfocarlos, de contárnoslos. Por ello, desde siempre el arte mismo forma parte del arte que se produce y al que recurrimos.En el caso de Paul Klee, fue una figura dual en muchos aspectos, pero sobre todo quizá el artista que mejor refleja la dualidad (diálogo) entre figuración y abstracción: es decir, dos maneras distintas de enfrentarse a la realidad, que al fin y al cabo es uno de los principales temas de "El so..."

Cada vez la situación está mejorando, pero ¿qué hace falta para normalizar la difusión de la literatura catalana?
De hecho, más que estar mejorando la situación lo que me parece que se va produciendo es que algunos títulos muy concretos consiguen cifras de ventas impensables hace algunos ańos (el parecido con el caso de los autores espańoles no creo que sea casual). Con todo, se continúa ignorando buena parte de la producción actual y, en general, una parte de esa tradición a la que antes nos referíamos; quizás los planes de estudio tengan algo que ver en ello. Y, por descontado, hasta que no se normalice el mercado del libro, promocionar títulos y autores para que dispongan del tiempo y los recursos necesarios para darlos a conocer será difícil. Deberían cambiarse ciertos hábitos, tanto de los medios como de los profesionales y del público en general.

Como librero, ¿qué te está pareciendo la situación actual del mercado del libro? ¿Se edita mucho o poco?
En consonancia con lo que decía, gran parte del problema de la promoción está en la abundantísima producción editorial. Los que estamos en el ramo sabemos que es la única forma que han sabido encontrar los editores para no perder ni espacio ni cuota de mercado (hipotética): continuar alimentando de manera ficticia una facturación que a menudo es lo único que se les viene pidiendo a gran parte de los editores. Por contra, seguramente los libreros tenemos parte de responsabilidad. Personalmente siempre he apostado por buscar la complicidad con editores, distribuidores y lectores para poder "trabajar" ciertos títulos, pero ello no es tarea fácil cuando se hace de manera unilateral y una vez metidos en la vorágine diaria del mercado y sus razones. La utopía sería la apuesta conjunta de todas las partes por editar menos y promocionar más los títulos producidos, buscando "la excelencia" en la calidad y, sobre todo, la diversidad de lo que se le ofrece al mercado. Estoy convencido de que la respuesta del público sería muy satisfactoria, pero... ¿quién se atrevería a dar el primer paso solo?? Seguramente sería suicida.

 

 

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