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SáBado 5
Julio 2008

 
literatura_anasantos.jpg (8 Kb)
 
19/04/2005

Desde la publicación de 'El borde de la luz', Ana Santos (Segovia,1958) alumbró una de esas escrituras que se basan en la observación minuciosa de los personajes de todos los días. Su carta de presentación no pasó inadvertida para los mejores degustadores de la joven literatura espanola. Abundando en esa perspectiva de las cercanías existenciales, 'Esperando lo que temo' (Editorial Debate), es la confirmación de una alternativa que prospera en el conocimiento del temor, del desafío y del riesgo. Una aventura que parte del espejismo en el que vivimos para reflejar el zoo de la especie humana. Ana Santos tiene el arte de un domador de fieras.

Háblanos un poco de cómo te enfrentaste a "Esperando lo que temo". La cita que abre el libro, de Marguerite Duras, ¿sirve de declaración de intenciones para lo que quieres contar? ¿Hasta qué punto es importante la mentira en nuestras vidas?
La idea de 'El borde de la luz', [su primer libro] surgió de un relato muy breve que luego se convirtió en una novela corta. Curiosamente, en 'Esperando lo que temo', con algún relato ha ocurrido a la inversa, que podría haber sido una novela corta y luego ha terminado siendo un relato largo. Uno de los temas que ha querido plantear en todos los relatos del libro es el conocerse uno mismo, que inevitablemente pasa por saber cómo nos ven los demás, cómo nos gustaría que nos vieran y cómo esa mirada influye sustancialmente en la relación que tenemos con los otros, que a la postre será la relación que tengamos con nosotros. El lenguaje es un arma de persuasión y de seducción, y por lo tanto de engaño. Lo que nos sirve para decir la verdad también nos es útil para ocultarla y para decir la mentira. El tema sería saber cómo vivir con ello, saber hasta dónde llega en nuestras vidas y cómo manejarlo en las relaciones con los demás y con nosotros mismos. Si alguna declaración de intenciones tiene la cita de M. Duras no sería tanto la mentira como la máscara, que en definitiva también es otra forma de mentira.

Tus personajes hablan sobre los temores de conocer gente, de mostrar los sentimientos, de la soledad en la gran ciudad. "El verdadero compromiso les da miedo". ¿Crees que nos estamos deshumanizando? ¿Vive la gente de nuestra generación las relaciones personales de otra manera?
Paradójicamente viviendo en la era de la comunicación, en la era en que todo es posible y la gente puede tener acceso y llegar a conocerlo todo, resulta curioso que esa misma gente cada día se sienta, o nos sintamos, cada vez más solos. Tendemos a meternos en nuestra burbuja, y el mundo, que podía ser tan vasto, tan grande y ofrecer tanto, se nos va reduciendo considerablemente y hasta nos llega a dar miedo. Claro que creo que se ha perdido cierto grado de comunicación, la comunicación cara a cara, la más personal, la íntima, la única que parecía existir y conocerse antes. La intensidad de esa comunicación tan viva se ha ido diluyendo y la gente tiene que recurrir a los medios técnicos para conocerse y establecer contactos. Para mí la comunicación tiene mucho de teatro, de representación. De ahí la importancia de la comunicación no verbal, en la que importa tanto lo que se dice como lo que no se dice: los gestos, las miradas, los silencios. Y en la comunicación mediatizada de hoy todo eso se pierde. Por eso la deshumanización: de la falta de contacto real, de la imagen virtual y no real que tenemos del otro, en la que falta el tacto, el olor, el sabor, el olor, el aura que nos envuelve a cada uno...En cierto modo las relaciones personales de hoy me parecen inciertas y aventuradas, porque uno no se mira sólo en el espejo del que tiene de frente sino en una serie de espejos sucesivos que tienen a deformarlo y complicarlo todo dando una imagen falsa; y lo que es peor, adaptada a una medida y cortada por un molde de los cuales no conocemos las claves ni tenemos la llave ni sabemos los patrones que les han servido de origen.

¿Contra qué se rebelan tus personajes? ¿Hay en algunos de ellos un alter ego literario de Ana Santos?
Mis personajes se revelan contra la desesperanza. Y aunque pueda parecer que algunos de ellos estén tenidos de cierto pesimismo, eso no les impide actuar y seguir adelante. Quieren luchar contra la dependencia emocional pero parecen buscar a ultranza esa dependencia. Lo que les da miedo, en ocasiones les atrae en la misma medida, y por ello los buscan con la misma vehemencia con que parecen repelerlo cuando lo tienen de frente. Aún así, prefieren enfrentarse al temor, la incertidumbre y los desenganos antes de reconocer que no hay nada más, que no les queda una segunda o una tercera puerta por abrir. En cuanto a lo de si en algunos hay un alter ego de Ana Santos, creo que escribir sobre escritores que escriben puede lógicamente dar pie a imaginar que esos relatos esconden un otro yo del autor. Sin embargo, no se trata tanto de introducir un otro yo en mis libros como de jugar con la idea de que para ser aceptado y aceptarse cada cual buscan el disfraz más adecuado, inventa y escribe su propia vida. De ahí que algunos personajes se enmascaren o adopten el papel de escritores o escriban ellos mismos. Los personajes son artífices de su propia novela, escriben su historia, toman la voz y sin intermediarios se cuentan y dan cuenta de sus intenciones y de sí mismos.

Sergio Ramírez opina que el cuento es el género literario por excelencia. ¿Lo es también para ti? ¿Qué diferencias encuentras a la hora de escribir entre novela y relato?
Me cuesta aceptar que una novela es simplemente un "relato de relatos", me cuesta suscribir esa idea, aunque en el fondo no deje de tener también algo de cierto. Particularmente como lector a mí me gustan y disfruto con ambos y reconozco que en cada uno de los géneros encuentro obras que me satisfacen y me parecen maravillosas sin por ello plantearme entrar en discusiones de preeminencia de un género sobre otro. Si leo un cuento extraordinario de Nabokov, pienso que es algo fabuloso, pero no podría decir que por ello renunciaría a ninguna de sus novelas. Admiro a los buenos cuentistas. Como narrador, cada uno de ellos, con sus leyes, sus ventajas y sus diferencias también me permiten contar de una u otra manera las historias que tengo en la cabeza. En ocasiones un género me ofrece una ventaja para contar algo que en el otro me parecerían sobradas o me resultarían insuficientes. Reconozco que puede parecer más fácil detectar y encontrar un mal cuento que una mala novela. Escribir un cuento no deja mucha escapatoria, no permite muchas digresiones ni titubeos ni coartadas. Un buen relato tiene que ser directo, buscar el camino más corto, todo muy rápido, el tiempo contado, la acción justa, el desenlace que ya está apuntado en la primera frase y la primera palabra.. La novela, sin embargo, te permite preámbulos, hacer digresiones, tomarte respiros. Supongo que es un trabajo más largo, tiene otras leyes y otras compensaciones.

¿Hay lugar para la literatura después del 11 de septiembre?
Por supuesto soy de los que creen que hay lugar para la literatura después del 11 septiembre. Y no solo que es que haya lugar para la literatura, sino que la propia literatura - que no tiene porque ser una mera evasión como la entiende mucha gente -, también tendría que dar una respuesta a esos hechos, tomar partido, comprometerse y enfrentar los problemas que de verdad subyacen en el fondo de lo que está pasando en el mundo. Al escritor se le puede perdonar estar encerrado en su torre de marfil, pero sólo para escribir. Lo que de ningún modo se nos puede perdonar es no abrir los ojos a lo que está ocurriendo, no ver y contar las incertidumbres y los cambios que de continuo suceden a nuestro alrededor y que con tanta rapidez transforman las relaciones y el mundo.

 

 

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