Un prólogo a un viejonuevo libro |
13/01/2010 |
Se cumplen ahora diez años desde que publiqué Mujeres, manzanas y Nevada, mis primeros libros "para adultos" (antes había publicado una novela para jóvenes), que ahora aparecen reunidos bajo el título Antecedentes. El prólogo de esta nueva edición, a cargo de Mondadori, dice así:
DECLARACIONES (DIEZ AÑOS DESPUÉS)
UNO Este libro fue un laboratorio.
DOS Está compuesto por dos libros diferentes: Mujeres, manzanas: un volumen de relatos publicado por primera vez en 2000, en una edición limitada de la Editora Regional de Extremadura: exhibía en su cubierta un fragmento del cuadro de Gagnaccio di San Pietro Después de la orgía, pintado en 1928, y cuya elección, alguien, tiempo después, me reprochó: por las mujeres desnudas y como idas que aparecían en el suelo; por las botellas y copas de champán vacías; por los naipes. Y quizá también por la cortina que había al fondo, en una esquina. Quien hizo los reproches, imaginaba que un hombre se escondía detrás de la cortina y espiaba a las mujeres. Nevada: un poemario que publicó la editorial Renacimiento. Ese mismo año 2000. Al principio, ambos libros fueron uno solo, como lo son ahora. Los separé por motivos editoriales. No me pareció mal del todo (entonces).
TRES Titulé el volumen de relatos Mujeres, manzanas en recuerdo de los Poemas, manzanas de Joyce (Pomes Penyeach. «Pomas a un penique cada una», literalmente. Pero traducidos siempre, siguiendo el juego de palabras del original, como Poemas, manzanas; Poemas manzanas o Poemas manzana). Y en recuerdo del Parejas, transeúntes de Botho Strauss. Titulé el poemario Nevada en recuerdo de algunos textos de Heinrich Böll.
CUATRO La cubierta de Mujeres, manzanas incluía las fechas de composición del volumen, de agosto de 1997 a enero de 2000 (cuando también fue compuesto, como dije antes, Nevada), y una cita extraída de Los días felices de Samuel Beckett. Winnie, la mujer enterrada en el montículo de esa pieza teatral, decía a Willie: «Las palabras nos abandonan, hay momentos en que incluso ellas nos abandonan». (Un lema que me había acompañado como lector más de una década. Su inclusión fue parte de ese proceso de investigación «narrativa», de trabajo de laboratorio. Como si fuera necesaria, su inclusión, para que actuara sobre los discursos subyacentes en cada relato del libro.) Beckett, junto a Franz Kafka, era una presencia importante, no sé si desdibujada, en todo lo que escribía entonces. En especial, el Beckett posterior a las novelas. La presencia de Kafka (el de los cuentos y cuadernos) aparecía, tal vez, filtrada por otros autores que lo leyeron antes que yo (el Luigi Malerba, también influido por Beckett, de El descubrimiento del alfabeto; el Sciascia, con matices derrobertianos y pirandellianos, de Las parroquias de Regalpetra; y el Kafka lírico mezclado con el discurso, revisado, de los Angry Young Men de John Berger) o que fueron sus contemporáneos (sobre todo Robert Walser; las «estampas» de Robert Walser). Había una presencia más, y aun de mayor relevancia, que no he descubierto hasta hace poco, al releer dos libros de Robert Musil que me impresionaron mucho en su día, dos títulos en apariencia menores: Uniones, de 1911, y Tres mujeres, de 1924. La sexualidad del primero y el ruralismo nada bucólico de parte del segundo fueron el detonante de mis relatos. Estoy seguro de ello ahora. Y algún cuaderno lleno de notas sobre ambos libros señala momentos de esos textos que luego, desviando temas y motivos, confluyeron en Mujeres, manzanas y en Nevada.
CINCO Otras presencias, quizá menos relevantes y por eso, fácilmente declarables entonces en los postfacios de Mujeres, manzanas y Nevada, como hacemos al cruzar algunas fronteras, eran las de Wendy Cope, Marina Tsvietáieva, Dick Davies, la Marta Pessarrodona de Berlin Suite, las «voces» de Antonio Porchia y la Tess Gallagher de At the Owl Woman Saloon, que lograba en ese libro construir por vez primera, a partir de una lectura renovadora de la obra de su marido, Raymond Carver, un espacio de ficciones «femeninas» de una neutralidad pasmosa, prolongando, por otro lado, el trabajo de escritoras como Katherine Mansfield, Dorothy Parker o Jean Rhys. Seguí a estos autores como si fueran mi I Ching particular, y en ocasiones vertí en ambos libros abundantes guiños y homenajes: como si en el «laboratorio» se impusiera en ocasiones el lector que fui, que soy, al escritor que quizá deseaba ser, quien, cuando abandonaba los nombres propios, buscaba lugar, territorio, para los seres que habitaban cada texto, muchas veces a la intemperie. (Recuerdo que comencé este libro, ambos libros, el verano de 1997, pero fue un verano para mí invernal.)
Y SEIS La disposición de los textos de aquellos dos libros en esta nueva edición (de la que he suprimido algunos cuentos y poemas incluidos en 2000 y a la que he añadido algún relato que dejé de lado en su día porque me parecía, curiosamente, ajeno al sentido total que buscaba) obedece a un criterio que, hoy, me parece más cercano a lo que siempre deseé que fueran: un solo libro.
Escrito por Julián Rodríguez
a las 11:25 |
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Veinte años después de la muerte de Jaime Gil de Biedma |
08/01/2010 |
Hoy, ocho de enero de 2010, se cumplen veinte años de la muerte de Gil de Biedma. En alguna parte he escrito hace poco que en buena medida me eduqué "sentimentalmente" con sus poemas, acompañados de las novelas de Marsé, las canciones de The Smiths, los tebeos de Federico del Barrio en aquella revista, Madriz, y un sinfín de películas y pinturas que ahora sería tedioso listar. Desde 1990, cada año, cada ocho de enero, he recordado sus versos con emoción, y he leído, al azar, varios de sus poemas. Aunque siempre, sin falta, "Píos deseos para empezar el año". (Precisamente el libro donde fue incluido por primera vez, Poemas póstumos, vio la luz el año que también yo lo hacía: 1968.) Durante estas dos ¿largas? ¿cortas? décadas, el poema "no hablaba" aún de mí, aunque me afectara profundamente. Pero ahora que he cumplido 41, el poema finalmente, y fielmente, trata ya de mí.
Píos deseos para empezar el año
Pasada ya la cumbre de la vida, justo del otro lado, yo contemplo un paisaje no exento de belleza en los días de sol, pero en invierno inhóspito. Aquí sería dulce levantar la casa que en otros climas no necesité, aprendiendo a ser casto y a estar solo. Un orden de vivir, es la sabiduría. Y qué estremecimiento, purificado, me recorrería mientras que atiendo al mundo de otro modo mejor, menos intenso, y medito a las horas tranquilas de la noche, cuando el tiempo convida a los estudios nobles, el severo discurso de las ideologías -o la advertencia de las constelaciones en la bóveda azul... Aunque el placer del pensamiento abstracto es lo mismo que todos los placeres: reino de juventud.
Escrito por Julián Rodríguez
a las 8:51 |
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El compartimento de la vida (III) |
03/12/2009 |
(entradas de un diario)
11. Nocturama La fotografía es de ese lugar, Piazza del Plebiscito, Ancona, en el 94, mes de agosto, el día 22. Nadie va a reconocerte, pero eres tú (el matadero: solar abandonado y con yerbajos, el cadáver tan desnudo), la misma que sonreía meses antes y que decía entre martinis la gente nunca es del todo mala (también hay fotografías de esas noches). ¿Adónde van los amantes cuando mueren?, preguntabas. En la foto están los Lugares Geométricos de la Vida de los que no supe apartarte. Nadie me tomará ya por un héroe: yo no he muerto.
12. Ropa (después de Stephen Morrisey) Me he vestido con la ropa de los muertos: la cazadora de un tío de mi madre, raída ya cuando él murió. La gabardina de mi abuelo, esa de bolsillos remachados, y una camisa suya que nadie quiso. Las bufandas de mis primos; sus camisas desteñidas por lejía. El pantalón negro, de alguna boda, que fue de Juan, y una corbata también de Juan. Fueron una segunda piel para todos ellos, y yo las heredé como se hereda todo lo que solemos llamar inevitable. Pero no sirvieron luego como buenos trapos: desgastadas, tan parte ya de mi nueva vida. Ahora no sé usar mi propia ropa: el pantalón azul, el abrigo gris: regalos de Año Nuevo.
13. Consignas ¿Se enfrenta con apatía a su trabajo? ¿Tiene el estómago débil? ¿El futuro no es lo que soñaba? No mire sólo en una dirección, Despierte a su gente, De nada valdrá conspirar. Es robado por todas las cosas que roban su tiempo (x años pagando hipotecas, x años tomando medidas). Pida menos distracciones. O pida todas las distracciones. Sea consciente: esto es una declaración. El mundo entero late bajo nosotros.
14. Vibrato La voz de plomo y ese aspecto punk recién levantada. La noche de un día duro de ¿1990? Tenías diecinueve, y la vida, me dijiste, aún te ahogaba. En Cádiz paseabas ajena a los marineros que silbaban o hacían fotografías a otras chicas. Y soñabas por la calle con nuestro poeta favorito por entonces: Delmore Schwartz. Tus armas: la ironía y la distancia; luego el sida, que bastó para apartarte de nosotros, como una bomba en el paseo principal: excavando tierra muerta, extrayendo un déjala, vámonos, se ha vuelto loca. Y tú, sin más palabras: sólo "Soy hermafrodita desde ahora". Era un juego surrealista y sonaba pretencioso, pero tu voz era un cuchillo y fue afilándose con el tiempo. Como en la versión que me grabaste de las canciones de Diamanda Galas.
15. El verdadero Paul Hablar de Paul Celan resulta ya tan tópico. Valente dejó escrito: "La voz de Paul Celan ha bajado a la noche". Punto en boca... Pero hoy quiero convocar la voz de Paul Antschel, su verdadero yo, ese desconocido para todos, hermano nuestro verdadero, de carne y huesos y de piel, aquel que su dios creó a su semejanza y no como a un golem hecho sólo de palabras misteriosas. ¿Qué sabía él de Hebras de sol por encima del yermo gris oscuro?, ¿del Pensamiento tan alto como un árbol?, ¿del Sonido de la luz o de Ser para la muerte? ¿Quién fue, Antschel o Celan, el que escribió Todavía quedan canciones que cantar más allá de los hombres?
16. Patatas Miraba a esa gente que busca alimento en la calle y luego pensaba ¿qué pasa en los campos de trigo?, pero encontré estas patatas en forma de corazón. (Nada es dejado al azar.) Hay un camino delante: en los mercados abiertos, entre los puestos de ropa de marcas falsificadas. (Nadie es dejado al azar.) En los suburbios no quedan chabolas ni perros salvajes. ¿Y el precio de un huevo, de un anillo de oro? La belleza se encuentra donde nadie la ve.
Escrito por Julián Rodríguez
a las 9:17 |
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Julián Rodríguez
Julián Rodríguez (Ceclavín, Cáceres, 1968), director literario de la editorial independiente Periférica, ha publicado sus libros en diferentes sellos del Grupo Random House Mondadori: en 2001 apareció su primera novela, Lo improbable (Debate); en 2002 un volumen con tres novelas cortas, La sombra y la penumbra (Debate); y en 2006, su segunda novela, Ninguna necesidad (Mondadori), elegida por los críticos del diario El País como uno de los diez mejores libros de narrativa en español del añoo y Premio Ojo Crítico de Radio Nacional de España. Recientemente, estos tres libros de ficción han aparecido en un solo volumen bajo el título Lo improbable y otras novelas (Debolsillo).
En 2004, fue elegido Nuevo Talento FNAC por su libro Unas vacaciones baratas en la miseria de los demás (Caballo de Troya; 2ª edición en Debolsillo, 2008), con el que abrió un ciclo de "no ficción", entre autobiográfico y ensayístico, llamado "Piezas de resistencia", y del que acaba de publicar su segunda entrega: Cultivos (Mondadori). |
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LO
QUE LEO:
| Alicia en Westminster, de Saki. La editorial Alpha Decay continúa ofreciendo piezas del tesoro "saki" (o Hector Hugh Munro, inglés nacido en Birmania en 1870 y uno de los grandes escritores satíricos del cambio de siglo) tras su monumental Cuentos completos (2005). Ahora se trata de un excelente remake político (y otra vez satírico) de Alicia en el país de las maravillas, con ilustraciones de Francis C. Gould en lugar de las de John Tenniel. Una edición enriquecida (además de por su traducción y prólogo) por las tan eruditas como "borgianas" notas de Juan Gabriel López Guix. |
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ESCUCHANDO:
| Catacombs, de Cass McCombs. Muchos pensaban que McCombs no iba a poder repetir la rotundidad y calidad de su disco anterior, Dropping the Writ (2007), primera y contundente pieza (con ese eclecticismo que iba del brit pop al post folk siendo, siempre, muy personal) tras su fichaje por la exitosa Domino Records, y que abría un tema tan morrisey como "Lionkiller" y contenía maravillas como "That's That" o "Full Moon Or Infinity". Catacombs resulta más emocionante y delicado quizá, con obras maestras como "My Sister My Spouse" o esa vuelta de tuerca que es "Lionkiller Got Married". Para completistas, no pederse el single Dreams-Come-True-Girl, con esa magnífica foto en negro negrísimo de Ernest Borgnine. Es precisamente esa canción la que abre el disco grande, uno de los mejores, sin duda, de este año que acaba. (Atención también a su magnífico vídeo) |
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