Mi batiburrillo de ideas |
29/09/2009 |
Deslizo la mesa hacia la ventana para aprovechar los rayos del sol, aparecido en mitad de un alud de nubes que anuncian pomposamente nuevos resfriados y repetidos negocios de analgésicos. Veo entonces una mujer que sube sus brazos y los pone, no en jarras, sino en asas de ánfora romana, hasta hacerse un moño, parada en la playa con el agua a la altura de la parte baja del bikini. La de arriba no se ve. Tampoco se le ven las tetas. Está lejos. Debe de ser fakir. No se puede alargar el verano a fuerza de heroicidades.
Quería escribir sobre los festivales del verano que se ha ido, ahora que la falta de luz los presenta con un aspecto nuevo a la memoria.
No dejo de escuchar "Sea Changes", de Beck. Recuerdo que cuando salió a la venta se dijo que no estaba a la altura de los anteriores. Por supuesto, es mucho mejor, aunque me da que no lo presentó vestido de papel Albal, como le vi una vez, haciendo piruetitas. ¡Y eso hace mucho en el verano fútil fútil! El agua está helada, lo sé por anteayer.
Me pongo calcetines.
Mis miedos de persona mayor -a la droga, al rock and roll- me hacen pensar que mi festival favorito del año ha sido el de Rafelbunyol.
En esta localidad valenciana todo el mundo hace una paella de leña en la puerta de sus casas, agrupados en mesas por las que el Ayuntamiento reparte arroz, pollo y vino de la tierra.
Por lo visto este año ha habido menos pollo. ¿Quién recuerda ya la gripe aviar?¿Podemos curar el resfriado de los pollos y no el nuestro propio de toda la vida?
El recorte se debe, cómo no, a la falta de fondos que ha supuesto el fin del negocio inmobiliario, el único para el que todo español se ha sentido dispuesto. Había en Rafelbunyol un polideportivo que una promotora destruyó, prometiendo pisos de VPO y un nuevo centro de deportes al lado. Desafortunadamente, el proceso acabó cuando la destrucción.
El fuego de más de ochocientas paellas hacía llorar a los habitantes, aunque la paella verdadera no lleve cebollas, sólo tomate, pollo, conejo, arroz, judías verdes, azafrán, agua, sal y alubia garrofón, sólo eso, conste (puede ponerse alcachofa en temporada). ¡Qué hambre! Seré breve. Junto a cada mesa, un tonel o cubo negro gigante lleno de hielo y de bebidas. Por supuesto, acabé dando tumbos de un lado a otro de las calles, sorteando las candelas como si fuese turista en los anillos del infierno que es la gula.
Ay, no había banda, no había orquesta de pueblo siquiera. Los recortes presupuestarios afectaron al sector del pollo y al de la música por igual, y como representación del colectivo, de ambos quizá, pusieron a un triste DJ sobre un escenario en el que, ahí no, no escatimaron: gigante, unas cuarenta mesas plegables cuyo alquiler vale un dineral. Sé algo de eso. Desde el día en que supe también que el que pone un disco puede llegar a ganar más pasta que el que lo grabó les tengo algo de manía a los DJ´s. Entiéndanlo. Es como si el de el que pone los goles de Messi en la tele cobrase más que Messi. Ay, Messi, cuánto gusta en Málaga ese muchachito, Messi. Paso corriendo por el paseo marítimo y voy oyendo: "Messi, Messi, Messi, Messi", un mantra hipnótico para estos fumadores compulsivos de hachís.
No creo que fuera el caso, el de los monumentales emolumentos, el del muchacho DJ que trataba de hacer felices a un grupo de niños que se arremolinó en la primera fila, pese a que la altura de las tablas no le dejaba a ninguno ver u oir nada, con esa manía de la proximidad que da el ímpetu de la edad temprana.
Al día siguiente necesité una playa para hacer deporte y mantenerme joven. No quiero parecer un tonel o cubo negro -bronceado- yo mismo. Bebí demasiada Voll Damn. Es criminal. Hay cerca de Rafelbunyol una playa. Por suerte, ninguna decisión municipal puede dejarnos sin costas. ¡Y mira que lo han intentado!
¿Quién diría que tras esos edificios de El Puig hay arena fina del color del café con leche y olas verdes fosforitas?
Estuve unos días antes en el Benicàssim (¿o fue después? Ay, la agenda), con los FLOW, que tienen un nuevo y bonito disco, "Echo en México". Subí a cantar una copla con Fernando Vacas, el jefe. Ha hecho una banda muy buena. Me alegré por haber ido. Sin embargo, noté cómo cuando los recuerdos son demasiados uno prefiere poner el piloto automático hacia adelante, y en los camerinos canté por The Smiths, siempre el futuro, con más de un famoso. Había paella en los kioskos de fast food, no estaba mal, pero no tenía comparación con los manjares humeantes de días después (¿o fue antes? Ay, la agenda), cuando eché de menos mis gafas de nadar.
La señora ha salido del agua. El marido debería invitarla a un zumo de naranja recién exprimido. En el Teatro Cervantes de Málaga podíamos ver por estas fechas de años pasados (más o menos, no guardo las agendas, porque no las escribo) a bandas en clara y eterna decadencia, como Echo and The Bunymen, The Fall, y otras que eran vendidas como "de primer orden", sin serlo en ningún sentido (ni son proyectos que comienzan y prometen ni han llegado a su cima creativa ni nada; restos de serie). Como yo entraba de pescuezo, de balde, no me quejaba demasiado si no se me preguntaba la opinión. Me parece perfectamente natural que para este año hayan contratado a Mónica Naranjo o David de María. Es mucho mejor que toda la corporación municipal pueda hacer un mejor uso de las entradas de cortesía que el que algún o alguna incaut@ hizo conmigo. Me imagino a esos personajes, ávidos por hacer ostentación no ilegal de su poder entre familiares y amigos, tratando de colocar, como reventas desmayados alrededor de plazas de toros o estadios de fútbol, donde realmente se lucen estas luminarias de la ordenación popular, entradas para el grupete de Ian Mc Culloch o Mark E. Smith. "¿Que si quiero ir a ver a Los Ecuáaaanimes?¿A Los Tefaaaaal?", caras de sorpresa entre primos hermanos y allegados. ¡Las de Mónica Naranjo van a volar de mano en mano como buitres leonados gritando en celo, si es que las aves sufren también de eso! A la espera de que este bonito festival del espeto de sardinas en el que vivo no convierta con otra triste desparición, la de los espetos mismos (merecedores de más elogios que un Picasso que tuvo que huir aburrido), mi existencia en la de un oso que hiberna, voy haciéndome un arroz con carne al estilo marroquí, dando por buena la cercanía del desorden africano en todos los sentidos. Quizá deba bajar para comprobar si el agua está como para prescindir de parte de un bañador. El mar también cambia. Se acaba el folio. ¡Hasta la temporada de higos!
Escrito por Antonio Luque
a las 17:44 |
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El índice Dog Chow |
12/08/2009 |
Cada mañana del insoportable verano un grupo de operarios de la construcción me despierta a lo Einstürzende Neubauten. Hoy han contratado a un experto en rotaflex. Debe de ser una especie de baterista, pues no paraba ni entre canción y canción. En fin, ya sé que dije que usaría este blog para hablar de discos y libros, pero no quiero ser tan original. Un blog sirve para contar cotidianeidades varias. De Einstürzende Neubauten creo recordar, de cuando les vi en Málaga en el Teatro Cervantes, que se autoeditan los discos. Me pareció que tenían variados y bonitos vinilos, y esa nostalgia, ese amor por la calidad, por hacer las cosas bien, sólo puede ser de un músico verdadero. Ahora que he sabido que podría yo fabricar en Málaga vinilos al precio de camisetas (¡en Málaga! ¡Nada de ir a una Checoslovaquia inexistente, en la que la falta de dólares hizo conservar las viejas fábricas de soportes de canciones, de soportes, no de ataúdes de metacrilato deleznable!), he tenido la fantasía de la autogestión del merchandising, o, por mejor decir, del gitaneo de la venta ambulante, como solución en estos tiempos en que las tiendas de música se reconvierten en tiendas de videojuegos (¡dios santo, cómo los detesto!) y los pagos a Hacienda se destinan a financiar, entre otras del mismo pelo, una empresa municipal de limpieza que, como la toalla de Mariquita, pone más que quita. Paso corriendo junto a los uniformados, azul, blanco y verde fosforito, como una bandera de la ciudad llena de azufre, o lo que sea el polvo ese que echan las viejas en las esquinas para evitar que el perro de la vecina se mee antes que el propio en la esquina ajena, en una guerra de suciedad en la que bien pueden ya declarar victorioso este rincón del mundo, del que si no es culo es nalga. La rotaflex me saca de la cama como si esta se partiera en dos, a la manera de las cajas de los magos carpinteros, y cuando la hormigonera ha cogido el compás y yo he abierto el balcón para maldecir a los cuatro vientos ausentes, se detienen, y se desayunan, y ya están el resto de la mañana más tranquilos, como los de la música industrial alemana una vez vieron reconocido lo suyo como estilo. Vaya, ya tengo uno de estos párrafos ilegibles míos, y aún no he empezado a decir que tenía intención de recomendar a Lonna Kelley, una cantante y compositora que me encanta, que fue publicada por Eureka en España. Pero me di cuenta de que en este punto todos recordarían los lamentos de Russian Red, cuyo triunfo era tan predecible como el declive de Marisol, y entonces pensé en Cass Mc Combs, del que soy fan, no paro de escuchar sus discos. Y eso que el último no puede encontrarse en "nuestras" tiendas, creo. Es de importación. Y Jose, el gordo Burial, cerró la tienda hace años. Lo vi en el Teatro Cervantes, nos saludamos. Buen tipo. Otros paseaban la colilla en la arena de la playa con un coge mariposas. Normalmente tienen kilos de más. No quiero decir que haya una relación causa efecto, pero, ¡válgame Dios!, si te contratan para recoger colillas de la playa, ¿no es más fácil recogerlas que pasearlas? Si les contrataran para pasear colillas las recogerían, es posible. Y que nadie pida que quien no sabe cuidar sus pulmones deshechos quiera cuidar arena de pantano que el invierno se volverá a llevar en cuanto tenga a bien refrescarme. Ay, los que hacen los contratos municipales no hilan tan fino como para hacer contratos que obliguen al escaqueo para lograr lo contrario del contratado. Están más preocupados por el siguiente inútil a enchufar. Y con razón. ¿Qué sería de estas criaturas sin el dinero público? En fin, entiendan mis palabras entre el nublado con carga eléctrica que amenaza con expulsarnos a una Marrakech más auténtica que estas calles con aspecto de tostada de mierda de perro. Volviendo de Zahara de los Atunes, lugar al que fui a tocar por el mero hecho de ver de este planeta algo bonito por fin, por gentileza de los del Rock is Beach festival, donde pude ver a Paco Loco dando un gran concierto (no sabía que fuera el Lou Reed de la bahía) y citarme con él para grabar pronto, vimos toros que pastaban en los hermosos campos de Gibraltar. Muchísimos. Los terneros estaban separados de los toros. Igual había vacas, no sé. Para distinguir genitales no tuve tiempo ni presencia de ánimo, al volante de mi vehículo, el cochecito Lerén, atascado en una antiquísima N340, en la que nadie invertirá mientras se cante en los alrededores eso de "hemos venido a emborracharnos, el resultado nos da igual" que define una manera de vivir en la que tendré que acomodarme más pronto que tarde. Hoy me he convencido de que si sustituyésemos los setecientos mil habitantes que, este año sí, y así aparecerá en nuestro índice Dog Chow, llenan los chiringuitos a demoler, por setecientos mil toros, vacas y terneros /becerros /como sea, la ciudad tendría mejor aspecto, y la plaza de la Malagueta sería del todo un anacronismo. A mí, al menos, me dan ganas de volver, bandera blanca en mano, al otro lado de la alambrada de los Campos de Gibraltar (nombre que invita a la invasión de los hijos de la Gran Bretaña, por cierto). He pasado corriendo, como siempre, desde el abominable balneario, roto a pedazos para alegría de hippies torpes que no entienden que están haciendo el juego que los políticos quieren que hagan: cuando el abandono sea absoluto (en mi opinión lo es ya), la demolición del edificio histórico será la única de las que amenazan con la tan cacareada y sin embargo ignorada ley de costas. Pobres leyes. Si no fuese por el asco que da leerlas me darían pena, toda la pena que pueden dar los conceptos y las ideas de los que no pisan la calle si no es con coche oficial o todoterreno. En Pedregalejo la mierda de los chavalines de la noche anterior, terneros puros de Pantene y calzoncillos cagados, ya menos que antes, servía a los de la limpieza para quejarse de la imposibilidad de su trabajo, mito de Sísifo de lunes a lunes. Y en el Palo, cientos de personas paseaban a sus animales domésticos, atentos al momento en que el chorro de mierda asoma para salir corriendo, sin disimular con una bolsita doblada en la mano, pasaporte a la civilización perdida. No, Cass Mc Combs no va a venir a Málaga, estoy seguro. Los tiempos de los conciertos aquí ya pasaron, y de nuevo son las viejas glorias para disfrute de ingleses perdidos en una salida de Torremolinos y los muy caducos triunfitos, Cantos de Locos y Migueles Bosés los que amenizarán las noches de fermentos animales. Cass Mc Combs irá a Barcelona, y yo iré yéndome a tomar fresco antes de que alguno de por aquí me mande.Saludos.
Escrito por Antonio Luque
a las 9:16 |
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Una palabra tuya |
19/06/2009 |
No recuerdo cuándo ni por qué dije por primera vez que no me gustaba el cine. Me conozco un poco, y sospecho que mi manía empezó por suponer que la costumbre de ir formaba parte de un rito ancestral, de la conquista del sexo opuesto, siquiera epidérmica. El miedo al fracaso se condensó en la imagen de la sala oscura, en la que la sucesión de acontecimientos filmados se empeña aún hoy en llevar la contraria a una existencia del tipo "bola de billar", a lo Parménides, a lo bola de bolera americana como mucho. Una vida con tres agujeros negros, por los que nos perdemos, por los sucesos.
Sexo en el cine español, desde el destape hasta la guerra siguiente, veréis. Observamos las tetas de la de "Aquí no hay quien viva", Alterio, por obra y gracia de la nueva ministra de cultura, González Sinde, esa a la que los internautas detestan.
Sí, vosotros, artistas del tiquitiqui en las teclas de estos juguetitos que tanto nos entretienen, alineados con las teorías de un baboso Rajoy, que os anima a la lucha contra el artista que osa ir, juguete en mano también, más allá del cotilleo permanente y de la sensación del hurto impune.
Y todo porque no nos levantamos temprano. Vosotros preferiríais a la de Sara Mago, Doña Esperanza, ¿no?
Es normal que se nos envidie. He soñado hasta las once de la mañana. Sueños húmedos. Una hormigonera me ha despertado. El sueño de Rajoy.
Estaba yo en el salón de la vieja casa familiar, ese en el que no se hacía ninguna clase de vida, reservado para no se sabe qué, así hasta que abandonaron el pueblo. Un diluvio inundaba el valle. La preocupación por el futuro es una catástrofe de la naturaleza. Un sujetador se cruzaba sobre un chaleco negro como una banda de miss. Y la hormigonera. Casas vacías. La primera llamada a las calabazas. Mi primera colonia, chispas.
La película estuvo entretenida, música de Julio de la Rosa, tristeza, cámera, café, uno de los miles de comentaristas deportivos de Canal Sur reconvertido en Morsa... Me lo pasé bien, eché la mano a un muslo, no a uno cualquiera, no vayan a pensar...
El viejo cine Albéniz espera su reconversión en cualquier otra cosa. Así, con poca luz, parecía nuevo. En Málaga el sol debería hacer un favor al alcalde de UCD y salir sólo a medias, para que no se vea tanta suciedad, tanto abandono en la Costa del Eclipse. El derribo que es el centro trae ecos de muerte hasta el cementerio inglés. Yo huí hasta el pantano, dejé las natas para los pasteles, me bañé en lo prohibido, tuve por fin mi película hispano-suiza a los pies de la cima de Málaga, que está en Granada.
El festival de cine acababa en el hotel Málaga Palacio, donde los actores y actrices se aburrían mucho más que los músicos en los festis. Elegí bien, ole ahí.
Dos años pensando en remar entre boquerones que fueron anguilas en la Albufera. Errores de cálculo.
Aparte de marearos con nuestras anécdotas, ¿qué os hemos hecho para que nos abandonéis de ese modo tan cruel? ¿Por qué preferís darle la pasta a las compañías telefónicas? ¿No os dáis cuenta de que si compráis sólo los discos buenos, los libros buenos, de que si vais al cine sólo a ver las películas buenas, os va a salir mucho más barato que el ADSL?
Un euro costaba la peli. Ni la cuarta parte de las butacas ocupadas. La gente esperaba en casa el OK del PC.
Los críticos os dirán qué hacer, os dirán lo que es bueno. Lo mío no es la crítica. Lo mío es meterme en la cama. Me voy a echar la siesta del Obispo. Como está mandado.
Escrito por Antonio Luque
a las 10:51 |
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