P · ¿Conoce escritores israelíes que escriban sobre el Holocausto aparte de David Grossman? Por ejemplo K. Zetnik, Appelfeld o, de segunda generación, como Nava Semel o Amir Gotfreund
R · Conozco a algunos, pero los conozco mal. A Grossman lo he leído, lo admiro en todos los aspectos, literarios y humanos, y tuve la suerte de cenar con él en Madrid, hace unos años. Además, soy su editor en España.
P · Escribe en su libro que leyó sus libros con avidez, temor y adoración. Así el libro es también homenaje a la vida y la muerte de Levi. ¿Es, para usted, Levi el escritor más importante del Holocausto?
R · Es difícil darle el rango del “más importante” en materia como el Holocausto, pero desde luego es el escritor que más ha difundido y sostenido la memoria de víctima injusta, y quien más ha sabido llevar a la mente de los no-judíos un sentimiento de universalidad.
P · ¿Cómo nació en usted la idea de escribir el libro? ¿Fue tras la lectura de 'La Tregua'?
R · La lectura de 'La Tregua' siempre me impresionó, en especial las pocas páginas que Levi le dedica a Hurbinek. Pero fue después, bastantes años después, cuando en medio de la calle, sin que mediara ninguna vinculación con aquella lejana lectura, se me ocurrió de golpe la idea de darle vida a Hurbinek. Fue como si algo dentro de mí se ordenara y diera respuesta a una pregunta surgida en mi agitado interior muchos años antes. Creo que los escritores estamos en un permanente diálogo interior, subterráneo de nuestra propia mente, respondiendo a cuestiones que nos vamos planteando a lo largo de la vida de manera caótica pero coherente.
P · En el libro dedica muchas escenas a las atrocidades cometidas por los nazis con los niños. Escribe: “Es fácil matar a un niño, es más fácil aún matar…”. ¿La resurrección de Hurbinek es un modo de venganza?
R · Sobre esto de las atrocidades he sido criticado en mi país, incluso personas cercanas a mí me pidieron que rebajara el tono “cruel” del libro, pero yo no quise. Les dije: “Los crueles fueron los nazis y sus cómplices, no yo. Yo sólo imagino lo que la realidad ha hecho”. Y ello porque me di cuenta de que sólo contando con toda su crudeza los horrores reales que hacían a los niños, mi novela podía ser eficaz en el principal objetivo que me marqué: restituir la conciencia colectiva de todos los niños asesinados. Ser blando o elíptico llevaba mi novela al callejón de la piedad. Y yo quería que mi novela provocase lágrimas, angustia, una mínima parte de dolor.
P · En el libro ha comprado “aniversarios para Hurbinek”... escribiendo este libro, ¿ha comprado también aniversarios para sí mismo?
R · He abierto una puerta que, paradójicamente, ya estaba abierta, en mí. Y creo que he comprado la satisfacción de posibilitar a mucha gente que construya la vida truncada de Hurbinek en su imaginación. Me siento un poco parte de la vida de aquel niño que existió.
P · Edita usted los libros de Grossman. Hay semejanzas ente ustedes a la hora de tratar el Holocausto, la ruptura de las formas, juntar tramas cuya relación entre sí es escasa. ¿Está influido por Grossman? ¿Ha oído acerca de la muerte de su hijo en la Segunda Guerra del Líbano?
R · Claro que supe la muerte del hijo de Grossman. Le escribí para darle mi pesar. Y leí su estremecedor artículo-carta. Ya he dicho que admiro a Grossman como escritor y como persona. Pero creo que mi literatura y la suya son muy diferentes. Yo tengo muchos libros y novelas, y ninguna trata el asunto del Holocausto, salvo en esta. Por otra parte, los escritores coincidimos más de lo que parece a la hora de abordar los asuntos o los problemas literarios, y no por ello se puede hablar de influencia. Pero sin duda él es un maestro, y conviene siempre leerlo para aprender algo.
P · ¿Qué se puede renovar en estos días en la escritura sobre el Holocausto y hasta qué punto es importante que escritores no judíos, que no lo vivieron, escriban sobre este tema? ¿Cómo consigue un escritor no judío escribir con una identificación tan profunda sobre tema tan complejo y sensible, con el que incluso muchos escritores israelíes tienen dificultades de enfrentarse? ¿Al ser no judío le parece más fácil, o justamente lo contrario?
R · Creo que la Historia se fija por la literatura. Y la generación que puede fijar el Holocausto desde la ficción, desde la fabulación –sin renunciar a la verdad, claro- es la mía. Y mi generación, que es cercana también a la de Grossman, es una generación que siente el mal del Holocausto como propio, en tanto que universal. El hecho de no ser judío no me desautoriza sobre una cuestión que también es mía por ser humana, europea, culturalmente próxima.
P · Ha escrito una novela dinámica que es una mezcla de todos los géneros posibles. ¿La estructura postmoderna del libro le facilitó enfrentarse con este tema traumático? Esta estructura está pensada para aliviar el dolor, el suyo, o de los lectores?
R · Es curioso, en España paso por ser un escritor postmoderno, y he llegado a creer que eso es una virtud. Sí, trato de generar una mezcla de géneros, de planos y de puntos de vista en el discurso del texto que facilite al lector muchas entradas a su lectura. Pero no pensé en aliviar el dolor, sencillamente porque quería hacer una novela sin anestesia.
© 2008 Adolfo García-Ortega Todos los derechos reservados