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Sobre el libro
Textos y ensayos fotográficos de más de 40 años de la prolífica carrera del fotógrafo.
"Este es el resultado de mi vida y mi trabajo. Es una memoria de mí mismo". Así comienza el propio Danny Lyon, uno de los fotógrafos documentales más originales e influyentes, esta colección de ensayos fotográficos publicados por Phaidon.
Reunidos de forma completa por vez primera y acompañados de textos de Lyon, estos trabajos van desde una obra temprana en color realizada en Colombia en 1966, hasta su trabajo más reciente hecho en Cuba en 2002 -curiosamente también en color-, fotografías que abren y cierran el libro respectivamente.
Nueve ensayos fotográficos de entre 15 y 20 fotografías cada uno, la mayoría de ellas inéditas. "Ninguna foto de este libro es un encargo. Las tomé porque quise (...) Creía en el poder de la fotografía. Pensaba que la fotografía -y por tanto este trabajo, estos ensayos- podrían cambiar el mundo".
Lyon no concebía sus imágenes como "historias", sino como realidad en sí mismas, ya que su poder residía en las personas a las que retrató y en las que creía.
'Memories of myself' contiene una serie de retratos en color realizada en 1966 sobre mujeres como María, Carmen, Ana, que vivían en los burdeles de Tesca, un barrio colombiano de Cartagena de Indias; una preciosa serie de retratos de jóvenes del Chicago de 1965, ciudad en la que Lyon cursó estudios universitarios de historia; fotografías en blanco y negro de Haití en el año 1983; un proyecto lleno de humor sobre los derby automovilísticos y sus participantes de finales de los 80; una serie de los jóvenes problemáticos del barrio de Bushwick, en Brooklyn en 1990, y una serie de Cuba del año 2002.
Danny Lyon retrató gentes y lugares porque "pensaba que iban a desaparecer", en una extinción espiritual del ser humano, amenazado por el mundo moderno y desarrollado de la América que lo rodeaba.
Y para no desaparecer también él, regalaba pequeñas copias de sus fotos en blanco y negro a las personas retratadas, una forma de pagarles lo que ellos le habían dado de sí mismos. "(...) La gente muere. Los niños crecen. Todos guardan ese pequeño papel con su imagen, esa fotografía colgada con chinchetas en la pared, doblada y manchada: ellos, jóvenes y vivos, para siempre. Eso es fotografía".
Una entrevista con el muy influyente comisario de fotografía Hugh Edwards completa este retrato de esta importante y rebelde figura de la fotografía americana, que detestaba la revista Life y cuyos negativos y hojas de contactos se convirtieron en un recuerdo de sí mismo.
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