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ClubCine | Noticias

Mirtha Ibarra
Entrevista

La fresa del chocolate:: Entrevista con Mirtha Ibarra::

¿Qué tal ha sido tu vuelta al teatro con "Obsesión Habanera"?
Ha sido muy buena. Yo tenía mucho temor porque, como la obra es mía, he tenido que romper una barrera de miedo total. No sólo porque era mi vuelta al teatro después de tantos años [en 1983, el comienzo de su carrera cinematográfica -"Hasta cierto punto"- interrumpió la teatral], sino que tenía miedo de hacer el ridículo con la obra. El texto lo había leído alguna gente en La Habana y para ellos era muy bueno. Pero yo le doy una vuelta completa al texto cuando lo interpreto. La obra, que es bastante intelectual y conceptual, la hago popular en la actuación con gestualidades muy cubanas, llevadas, a veces, incluso al extremo. Con todo este movimiento me burlo un poco de mi propio texto y lo acerco más al público. Todo esto implicaba para mí un reto.

Pero, ya en el pre estreno, la gente se entusiasmó. Eso te tranquilizaría. La primera vez, hace unos meses, se representó en la sala Mirador (Madrid). Yo no invité a nadie. La sala se llenó pero yo no invité absolutamente a nadie. Tenía tanto miedo... pero todo el mundo se enteró. Se llenó y fue buenísimo. Tuvo una acogida extraordinaria. Al día siguiente todo el mundo hablaba de "Obsesión Habanera".

¿Cuándo escribiste la obra?
La vengo escribiendo ya hace rato. Esas cosas que una toma y para. Soy un poco perezosa y, como no soy escritora, 'Titón' [Tomás Gutiérrez Alea, su marido] me decía: "Tú escribes bien, lo que pasa es que eres muy perezosa". Yo le decía eso, que no soy escritora. El escritor es el que tiene el oficio de escribir y se sienta todos los días. Esa disciplina austera de no tener qué decir nada pero sentarte. Para mí esto es algo visceral.

¿Cuál fue tu última aparición en el teatro antes de esta vuelta?
"Oya Ayawá", un monólogo que escribió Eugenio Hernández Espinosa para mí [que le valió el Premio a la Mejor Actuación en el Festival de Monólogos de La Habana en 1991]. Me agotaba muchísimo y decidí dejar de hacerlo.

¿Qué haces en La Habana cuando no trabajas?
Me levantó en la mañana, cojo mi bicicleta y me voy al gimnasio. Hago aeróbicos con una profesora, sin aparatos ni nada porque es un gimnasio de estos estatales baratísimo. Cuesta diez pesos cubanos al mes. Y leo y oigo música. A veces salgo, en muy raras ocasiones. Justo hace poco fui el Festival de Cine Francés, por ejemplo, y fui de jurado. A los festivales de cine siempre me invitan. Pero generalmente estoy en mi casa.

¿Qué opinión te merece el momento actual de la cinematografía cubana?
Han pasado cosas interesantes. En octubre una convocatoria que organizó Juan Antonio García, con todos los jóvenes de lo que él llama el cine subversivo. Una nueva generación que está que llevaban siete u ocho años sin filmar. Grandes figuras del cine como Humberto Solar, Orlando Rojas, que acaba de filmar ahora...

¿Qué tal fue tu participación en película españolas?
Te puedo decir, y soy muy honesta, que con todos los directores que he trabajado en España me he llevado muy bien. Con Antonio Betancourt [director de "Mararía"], con David Menkes y Alfonso Albacete ["Sobreviviré"], que son maravillosos, y con Fernando Colomo ["Cuarteto de La Habana"]. Ah, y con Vicente Molina Foix [escritor y periodista que debuta con "Sagitario"], maravillosos también. En todo momento me han incitado para que sea creativa. Para que aporte ideas al guión y no me sintiese en ningún momento incómoda. Desde la primera cita con Antonio en un café me dijo: "Tú puedes hacer con este guión lo que quieras, traerme de Cuba todo lo que se te ocurra". Y así fue. Hice toda una investigación de oraciones y había momentos en los que el personaje estaba pero en el guión no pasaba nada, estaba la presencia del personaje nada más. Fuimos llenando todos esos momentos con esas oraciones, que en realidad en el guión original había sólo una. Hay algo muy simpático que siempre lo cuento: hubo un día que a mi personaje no le tocaba nada pero Antonio me dijo: "aquí necesito que me digas una oración". "Pero Antonio, cómo yo voy a saberlo, no me dijiste nada", le contesté.. "No importa, tú me tienes que inventar una oración". Total, que el trabajo fue así de lindo. Muy comunicativo, muy respetuoso, muy de escuchar.

¿Y con Menkes y Albacete, que parecen en las antípodas de tu cine en Cuba?
Tienen fama de locos pero no lo son. Son dos temperamentos y caracteres muy diferentes. De alguna manera uno no entiende cómo filman juntos, pero pienso que se deben complementar. No sé si uno es la razón y otro la pasión, no quisiera dividirlos de esa manera. Pero hay algo de eso. David [Menkes] es más tranquilo y ecuánime, y Alfonso [Albacete] es la euforia, el temperamento.

¿Participaste también en tu personaje?
Me acuerdo que en la primera entrevista yo discutí mucho. Mi papel tenía rasgos que no me gustaban. A veces se tiene una visión del cubano desde afuera y se trata de romper esos esquemas. Yo les decía lo que consideraba equivocado, y Alfonso se puso un poco... Cuando terminó toda mi argumentación, el porqué consideraba algunas cosas muy exageradas, David le dijo: "Mirtha tiene toda la razón". Y él le miró y contestó: "¿Tú crees?". Me sentí más tranquila, porque me preocupaba que no me entendieran. El problema es que tú puedes ir a Cuba y no conocer realmente el cubano, porque en 15 días no lo vas a conocer, seguro. Pero ya después todo fue muy bien. Ellos estaban felicísimos, se respiraba una gran armonía. He tenido una gran suerte. Siempre he terminado amiga de los directores, nos llamamos y quedamos. Nunca ha tenido ni un roce.

¿De todas las grandes películas en las que has trabajado, cuál de ellas es la que consideras más especial?
Todas suponen mucho para mí y conservan grandes recuerdos. Pero, si tuviese que decir una, exaltaría "Hasta cierto punto". Supuso mi estreno y el vuelco en mi relación con Titón. Cambió mi vida. También "Guantanamera" y "Fresa y chocolate", en las que Titón ya estaba enfermo y yo no quería ni que se rodasen, pero tenía que hacerlo. Juan Carlos Tabío me dijo que no podía ser de otra manera.